Lo que no te han dicho de los anticonceptivos
30. Mi propia “conciencia”
La verdad no siempre resulta cómoda
En ocasiones se pretende imponer a los sacerdotes restricciones que nunca se consideraría imponer a otros profesionales, incluso si estos últimos dicen algo que no se quiere escuchar. Por ejemplo, ¿le ordenaría a su médico que no le informe de algo desagradable? ¿Y a su abogado? ¿Al mecánico de su automóvil o a su plomero? Tenemos la tendencia a enfrentar las realidades temporales con valentía, pero las eternas con gran timidez, si es que lo hacemos. [1]
El deber de buscar y aceptar la verdad
Dignitatis Humanae enseña: “Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas… están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias”. (Ver también CIC 2467).
El padre Peter T. MacCarthy resumió concisamente nuestro deber cuando escribió: “Todos tenemos la obligación de verificar que nuestras acciones sean morales, especialmente en el área de la sexualidad, donde los pecados siempre afectan negativamente a los demás y a nosotros mismos”. [2]
La presión de la opinión pública
Las personas, especialmente cuando no existe una formación moral y religiosa adecuada, consideran la opinión pública como el criterio con el que medir su propio comportamiento y tienden a imitar el pensamiento de su sociedad, sin hacer una reflexión previa.
La “Carta abierta a Juan Pablo II” sobre la cuestión de la anticoncepción, publicada como anuncio en The New York Times el 6 de septiembre de 1994, afirmaba que la mayoría de los católicos utilizan métodos anticonceptivos y que por lo tanto la Iglesia debería adoptarlos y promoverlos.
Esta actitud es un reflejo de la creencia errada de que la Iglesia católica debería someter la moral y la ética a voto popular. La guía válida de la moral, para todos los cristianos, es la voluntad de Dios y no la opinión de la mayoría. Y los católicos tienen una guía adicional: el Magisterio de la Iglesia, es decir, que los católicos deben seguir la palabra de Dios expresada en la Escritura e interpretada por la Iglesia.
La verdadera naturaleza de la conciencia
Muchos católicos ven la conciencia no como un recipiente de la ley moral establecida por Dios, como alumna; sino como la fuente de la moral, es decir, como maestra. La raíz de este problema es una falta de comprensión fundamental del papel de la conciencia humana.
El Catecismo en sus numerales 1751 y 1778 aborda este error fundamental cuando aclara: “Las reglas objetivas de la moralidad enuncian el orden racional del bien y del mal, atestiguado por la conciencia… Mediante el dictamen de su conciencia el hombre percibe y reconoce las prescripciones de la ley divina”.
Ley natural y conciencia
Como encontramos en Romanos 2:12-16 y Jeremías 31:33, Dios imprime la ley natural en el corazón y la mente del hombre para que pueda saber si un acto es bueno o malo. Esto significa que el hombre puede reconocer como por instinto en la ley natural lo que es correcto y lo que no lo es, es decir, la ley natural es como su “conciencia”.
Las personas que tienen una conciencia mal formada o no formada tienen grandes dificultades para distinguir el bien del mal. Una conciencia no formada puede llevar a la anarquía moral del subjetivismo que consiste en creer que tengo derecho a hacer lo que mi conciencia me diga simplemente porque me lo dice mi conciencia. La noción de que, al final, es mi conciencia, y no la verdad objetiva, la que determina lo que es correcto e incorrecto, verdadero o falso, es peligrosa para mí y para los demás.
Una conciencia desconectada de la verdad
La afirmación “respeto las enseñanzas de la Iglesia, pero sigo mi propia conciencia en materia de moral sexual” es evidencia de que nuestra conciencia se ha desconectado de la verdad objetiva. El Catecismo en su numeral 1792 dice que las causas pueden ser “El desconocimiento de Cristo y de su Evangelio, los malos ejemplos recibidos de otros, la servidumbre de las pasiones, … una mal entendida autonomía de la conciencia, el rechazo de la autoridad de la Iglesia y de su enseñanza, la falta de conversión y de caridad”.
La Iglesia como maestra de la verdad
En la formación de la conciencia, los fieles cristianos deben prestar una cuidadosa atención a la enseñanza de la Iglesia. La Iglesia católica es, por voluntad de Cristo, maestra de la verdad. Su misión es anunciar la verdad que es Cristo, y al mismo tiempo, con su autoridad, declarar y confirmar los principios del orden moral que se derivan de la misma naturaleza humana.
La formación continua de la conciencia
Así como se cuida y ejercita el cuerpo, la conciencia es un don valioso y sagrado, y debe cuidarse formándola continuamente con la oración y la educación. Una persona es culpable del mal que comete cuando “se toma poco trabajo para descubrir lo que es verdadero y bueno, o cuando la conciencia está poco a poco casi cegada por el hábito de cometer pecado”. Por supuesto, el que una persona, como ocurre con los niños, no sea responsable de su propia ignorancia, puede ser un factor atenuante o exculpatorio. [3]
La evidencia científica y los anticonceptivos
Dado que el Dios que crea es el mismo que revela, los hallazgos de la ciencia en lo que respecta a las cuestiones sexuales siempre respaldan la teología de la Iglesia. Esto significa que a través de la evidencia científica también podemos comprobar el mal que trae el uso de anticonceptivos.
Y la evidencia más convincente es el folleto que acompaña los anticonceptivos, el cual es producido por el mismo fabricante. Las secciones "Advertencias y precauciones" y "Reacciones adversas" proporcionan una larga lista de efectos secundarios, algunos de ellos bastante graves. Adicionalmente, bajo el título "Mecanismos de acción", se evidencia que los anticonceptivos hormonales, sin excepción, funcionan como abortivos parte del tiempo.
Anticoncepción y estabilidad matrimonial
Además, puede sonar extraño, pero la mejor manera de asegurar que su matrimonio sea duradero es evitar el uso de anticonceptivos, o dejar de usarlos si ya lo está haciendo. La enorme disparidad en la tasa de divorcios entre los usuarios de anticonceptivos, que ronda el 50 %, y los usuarios de PFN, que es entre el 2 % y el 5 %, así lo sugiere. [4]
La libertad de conciencia al servicio de la verdad
La conciencia, en efecto, es una ayuda para tomar decisiones, pero debe someterse libremente a la ley de Dios, la cual es dada a conocer por el Magisterio de la Iglesia católica, a la que Cristo confió su autoridad para enseñar en su nombre.
El error no consiste en afirmar que cada persona tiene libertad de conciencia para decidir, sino en malinterpretar la naturaleza de dicha libertad. La libertad de conciencia debe estar al servicio de la verdad moral y no pretender establecer cuál es esa verdad. [5]
Fuente
[1] Traducido de Brian Clowes. (Mayo 14, 2017). Should We Avoid Offending People Over Contraception? https://www.hli.org/resources/avoid-offending-people-contraception/
[2] Desde la cita anterior hasta aquí traducido de Brian Clowes. (Abril 19, 2017). Is Contraception Sinful in Ignorance of Church Teaching? https://www.hli.org/resources/contraception-church-teaching/
[3] Desde la cita anterior hasta aquí traducido de Cfr. Brian Clowes. (Abril 18, 2018). Can We Use Our Consciences on Contraception? https://www.hli.org/resources/can-use-consciences-contraception/
[4] Desde la cita anterior hasta aquí traducido de Cfr. Brian Clowes. (Mayo 14, 2017). Should We Avoid Offending People Over Contraception? https://www.hli.org/resources/avoid-offending-people-contraception/
[5] Traducido de Brian Clowes. (Abril 18, 2018). Can We Use Our Consciences on Contraception? https://www.hli.org/resources/can-use-consciences-contraception/