Teología del Cuerpo

Parte V. El sacramento del matrimonio

42. La conexión entre el Antiguo y el Nuevo Testamento

El pasaje de la Carta a los Efesios (5, 22-23) no aparece aislado, sino que forma una continuación de los enunciados del Antiguo Testamento, que presentaban el amor de Dios-Yahvé al pueblo-Israel, elegido por Él, según la misma analogía. En la base de los enunciados de los Profetas está la convicción explícita de que el amor de Yahvé al pueblo elegido puede y debe ser comparado con el amor que debe unir a los cónyuges.

Yahvé-Esposo y la Alianza

En Isaías, Oseas y Ezequiel, el Dios de la Alianza-Yahvé es representado frecuentemente como Esposo, y el amor con que se ha unido a Israel puede y debe identificarse con el amor esponsal de los cónyuges.

Si por una parte Isaías se esfuerza por poner de relieve el amor del Yahvé-Esposo, que en cualquier circunstancia va al encuentro de su Esposa superando todas sus infidelidades, por otra parte Oseas y Ezequiel abundan en parangones que esclarecen la fealdad y el mal moral del adulterio cometido por la Esposa-Israel.

Oseas: la infidelidad como adulterio

Oseas se preocupa de revelarnos que la traición del pueblo es parecida a la traición conyugal, aún más, al adulterio practicado como prostitución: «Ve y toma por mujer a una prostituta y engendra hijos de prostitución, pues que se prostituye la tierra, apartándose de Yahvé» (Os 1, 2).

Por su parte, Yahvé no cesa de buscar a su esposa, no se cansa de esperar su conversión y su retorno, confirmando esta actitud con las palabras y las acciones del Profeta: «Entonces, dice Yahvé, me llamará ‘mi marido’, no me llamará baalí... Seré tu esposo para siempre, y te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en misericordia y piedades, y yo seré tu esposo en fidelidad, y tú reconocerás a Yahvé» (Os 2, 18. 21-22).

Dios Yahvé realiza por amor la alianza con Israel —sin mérito suyo—, se convierte para él como el esposo y cónyuge más afectuoso. En muchos textos del Antiguo Testamento, la monogamia aparece como la única y justa analogía del monoteísmo entendido en las categorías de la Alianza, es decir, de la fidelidad y de la entrega al único y verdadero Dios-Yahvé: Esposo de Israel.

Isaías: el Hacedor y el Redentor

Regresando a Isaías, en cierto sentido, él nos lleva en la misma dirección en que nos llevará, después de muchos siglos, el autor de la Carta a los Efesios, que —basándose en la redención realizada ya en Cristo— descubrirá mucho más plenamente la profundidad del mismo misterio.

«Nada temas, que no serás confundida no te avergüences, que no serás afrentada…Porque tu marido es tu Hacedor, que se llama Yahvé Sebaot, y tu Redentor es el Santo de Israel, que es el Dios del mundo todo» (Is 54, 4-5).

En ese texto el mismo Dios, con toda la majestad de Creador y Señor de la creación, es llamado explícitamente «esposo». Además, el Señor se llama a sí mismo no solo «creador», sino también «redentor».

De lo “semioculto” a lo plenamente revelado

Así pues, San Pablo, al escribir al Pueblo de Dios de la Nueva Alianza, no repetirá más: «Tu marido es tu Hacedor», sino que mostrará de qué modo el «Redentor» revela su amor salvífico —que consiste en la entrega de sí mismo por la Iglesia— como amor nupcial con el que desposa a la Iglesia y la hace su propio Cuerpo.

En el texto de Isaías este misterio apenas está delineado como «semioculto»; en cambio, en la Carta a los Efesios está plenamente develado (sin dejar de ser misterio).

En la Carta a los Efesios es explícitamente distinta la dimensión eterna del misterio en cuanto escondido en Dios («Padre de nuestro Señor Jesucristo») y la dimensión de su realización histórica, según su dimensión cristológica y, a la vez, eclesiológica. La analogía del matrimonio se refiere sobre todo a esta segunda dimensión.

Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)

Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.

Reflexión: ¿Qué me dice sobre el sacramento del matrimonio el hecho de que, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, se haya utilizado la analogía del amor nupcial para expresar el amor de Dios por el hombre? ¿Vivo el amor a mi cónyuge de forma que pueda ser «comparable» con el amor de Dios hacia mí?

Clave de lectura interior: El amor conyugal revela su verdad cuando se deja iluminar por la Alianza: fidelidad, misericordia y entrega total, a imagen del amor con que Dios se une a su pueblo.