Teología del Cuerpo
Parte V. El sacramento del matrimonio
45. La decisión por Cristo y la Iglesia
Cristo, en su conversación con los fariseos (Mt 19), no solo confirma la existencia del matrimonio instituido desde el «principio» por el Creador, sino que lo declara también parte integral de la nueva economía sacramental, del nuevo orden de los «signos» salvíficos que brota de la redención, del mismo modo que la economía originaria surgió de la creación.
En realidad, Cristo se remite al único sacramento que había sido instituido en el estado de la inocencia y de la justicia originarias del hombre. Todos los sacramentos de la Nueva Alianza encuentran, en cierto sentido, su prototipo en el matrimonio como sacramento primordial.
Del sacramento de la creación al sacramento de la redención
La terminología teológica, tradicional y contemporánea, designa con la palabra «sacramento» los signos instituidos por Cristo y administrados por la Iglesia, que expresan y confieren la gracia divina a quienes los reciben. En este sentido, sacramento significa el misterio mismo de Dios, escondido desde la eternidad, no como ocultamiento, sino como revelación y realización.
Por ello se habla también del sacramento de la creación y del sacramento de la redención. A la luz del sacramento de la creación se comprende la sacramentalidad originaria del matrimonio; y a la luz del sacramento de la redención se comprende la sacramentalidad de la Iglesia, o más precisamente, la sacramentalidad de la unión de Cristo con la Iglesia, presentada en la Carta a los Efesios a imagen del matrimonio.
La Iglesia, gran sacramento de la Alianza
La Iglesia misma es el «gran sacramento», el nuevo signo de la Alianza y de la gracia, que hunde sus raíces en la profundidad del sacramento de la redención. Del mismo modo que del sacramento de la creación brotó el matrimonio como signo primordial de la Alianza, del sacramento de la redención brota la Iglesia como signo definitivo de la comunión de Dios con el hombre.
El autor de la Carta a los Efesios proclama que ese sacramento primordial se realiza de modo nuevo en el sacramento de Cristo y de la Iglesia. Por ello, en el texto clásico de Efesios 5, 21-33, se dirige a los esposos para exhortarlos a estar «sujetos los unos a los otros en el temor de Cristo» (Ef 5, 21).
La vocación conyugal como decisión sacramental
Los esposos están llamados a modelar su vida conyugal fundándola sobre el sacramento instituido desde el «principio» por el Creador, sacramento que alcanza su definitiva grandeza y santidad en la alianza nupcial de gracia entre Cristo y la Iglesia.
Los esposos cristianos, conscientes de la elección que realizan en Cristo y en la Iglesia, están llamados a configurar su vida y su vocación a la luz de la sacramentalidad del matrimonio, basada en el «gran misterio» (sacramentum magnum) del amor nupcial de Cristo y de la Iglesia.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979 – 1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión: ¿Qué significa ser esposos cristianos? ¿Somos conscientes de lo que implica decidirnos, como esposos, por Cristo y la Iglesia?
Clave de lectura interior: Elegir el matrimonio cristiano es elegir vivir la propia unión como participación real en la alianza nupcial de Cristo con su Iglesia.