Teología del Cuerpo
Parte VI. Amor y fecundidad
59. Dominio de la naturaleza o dominio de sí
El problema está en mantener la relación adecuada entre lo que se define «dominio de las fuerzas de la naturaleza» (Humanæ vitæ, 2) y el «dominio de sí» (Humanæ vitæ, 21).
«El hombre ha llevado a cabo progresos estupendos en el dominio y en la organización racional de las fuerzas de la naturaleza —leemos en la Encíclica—, de modo que tiende a extender ese dominio a su mismo ser global: al cuerpo, a la vida psíquica, a la vida social y hasta a las leyes que regulan la transmisión de la vida» (Humanæ vitæ, 2).
El dominio de sí corresponde a la constitución fundamental de la persona: es un método auténticamente «natural». En cambio, la transferencia de los «medios artificiales» rompe esta dimensión constitutiva, priva al hombre de su subjetividad personal y lo convierte en objeto de manipulación.
El cuerpo humano no es sólo el campo de reacciones sexuales, sino el medio de expresión del hombre integral, de la persona que se revela a sí misma a través del «lenguaje del cuerpo». Este lenguaje debe expresar la verdad del sacramento.
La Encíclica Humanæ vitæ lleva hasta sus últimas consecuencias —lógicas, morales, prácticas y pastorales— esta verdad sobre el cuerpo humano en su masculinidad y feminidad.
El hombre es persona precisamente porque es dueño de sí. Y porque se domina a sí mismo, puede donarse al otro. La comunión conyugal, como communio personarum, exige que el «lenguaje del cuerpo» se exprese en la verdad integral de su significado.
El acto conyugal «significa» simultáneamente amor y fecundidad potencial. Privarlo artificialmente de uno de estos significados es privarlo de su verdad interior. En tal caso, se produce una unión corporal, pero no una comunión personal conforme a la dignidad de las personas.
Esta ruptura constituye el mal moral esencial del acto anticonceptivo. Y no puede comprenderse plenamente sin una reflexión profunda sobre la concupiscencia de la carne y el orden interior de la persona.
Al mostrar el mal moral del acto anticonceptivo y, al mismo tiempo, delinear la práctica honesta de la regulación natural de la fertilidad, la Encíclica establece las bases de una auténtica espiritualidad conyugal cristiana.
Fuente: San Juan Pablo II, Teología del Cuerpo (1979–1984)
Nota: El resumen se ha hecho utilizando, en gran parte, frases textuales del documento original o una combinación entre ellas. Se omiten las comillas para facilitar la lectura.
Reflexión:
¿Qué significa que los medios artificiales rompan la dimensión constitutiva de la persona? ¿Por qué, al separar artificialmente los significados unitivo y procreativo del acto conyugal, no puede hablarse de verdadero dominio de sí ni de auténtico don recíproco?
Clave de lectura interior: El verdadero progreso humano no consiste en dominar la naturaleza del cuerpo, sino en aprender a dominarse a sí mismo para poder amar en la verdad.